“No puedo pensar en ninguna necesidad en la infancia tan fuerte como la necesidad de la protección de un padre.” Dr. Sigmund Freud

Según el Diccionario del Psicoanálisis, de Laplanche y Pontalis, la transferencia es un proceso anímico, mediante el cual los deseos inconscientes, se reeditan, se actualizan, sobre cierto tipo de objetos, dentro del marco de la relación que establecemos con ellos, a través de nuestras tramas vinculares. Si se trata de una actualización, esto implica que en algún momento ocurrió y, que ahora, en el presente, vuelve a suceder. Lo que actualizamos son los deseos inconscientes, porque recordemos que en el Inconsciente, no existe el tiempo cronológico propio del sistema Consciente / Preconsciente. En el Inconsciente, todo es un eterno presente, por lo que si algo ocurrió en la realidad material, en el tiempo cronológico de la Consciencia, para el Inconsciente sigue pasando.
Ahora bien, lo que podemos entender es que frente a una relación x, esos deseos inconscientes, se reactualizan, vuelven a cobrar fuerza, vigencia. Tenemos, por un lado, en una relación vincular, como mínimo dos sujetos. Un sujeto que transfiere algo y un sujeto que es objeto de esa transferencia. Debemos saber que, desde el psicoanálisis, esa actualización, es una repetición, porque es algo que ocurrió y que vuelve a ocurrir. Pero también resulta necesario plantearse: ¿qué es lo que se repite? ¿Deseos? ¿Afectos? ¿Formas vinculares? La transferencia es ante todo, algo que es llevado, acarreado, de un lugar a otro, a través de otra cosa.
Estamos entonces hablando de una repetición, que se satisface en el presente, - se historiza en el presente, nos dice Lacan, con una cierta persona, un deseo que es (realizado o fantaseado, con un objeto de la infancia del sujeto. De acuerdo a esto es que entendemos que esta al servicio del Principio del Placer. En la clínica también se ve, que se repite el deseo fantaseado edípico de la sexualidad infantil que nunca haya tenido satisfacción.
El concepto de Transferencia puede ser visto a partir de tres ejes diferentes. El primero es el Disposicional: dónde hay una disposición, un fenómeno universal, que está presente en toda relación significativa, con gran importancia libidinal, articulado al acervo de las representaciones y afectos de las experiencias infantiles como objetos primarios. Esta disposición transferencial no es privativa de la terapia, sino que está presente en todo vínculo humano.
El segundo eje es la transferencia como desplazamiento de representaciones y afectos, dentro del propio psiquismo y además, en las relaciones intersubjetivas. En los sueños lo vemos con frecuencia en las regresiones. Puede sustentar la formación de síntomas, las representaciones sustitutivas y / o el mecanismo delirante propio de la psicosis. El tercer eje transferencial está vinculado con la cura. La transferencia es con la persona del analista, que se vuelve depositario de estos afectos desplazados, desde lo reprimido de la sexualidad infantil. Estos afectos desplazados son los que posibilitaron, los síntomas neuróticos oportunamente.
Existe un historial muy famoso en la obra de Freud, conocido como El Caso Dora. Es en este caso dónde Freud va a confirmar la importancia radical de la realidad psíquica frente a la realidad material. Dora, abandona su tratamiento con Freud. Se lo había preanunciado y Freud no lo vio. No vamos a entrar acá en los detalles clínicos del caso. Lo que nos interesa es que Freud, luego de que Dora dejara el tratamiento, comprende que no pudo evitar que Dora dejara el mismo, porque no supo manejar la transferencia, ni maniobrar la cura. Pero, este caso también nos sirve como testigo para advertir que Freud, tampoco supo cómo manejar la contratransferencia con Dora. Originalmente Freud a la Contratransferencia la llama Transferencia Concordante, luego dirá que es la influencia del paciente, del analizante, en los sentimientos, afectos y deseos inconscientes del analista. El caso Dora es un historial de 1905.
En 1910, en el "Porvenir de la terapia psicoanalítica", Freud agregó la importancia de poder reconocer la transferencia, para dominarla, trabajarla, pero también reconoció la importancia de la contratransferencia, cuando nos dice que” ninguno puede ir más allá de lo que le permiten sus propios complejos inconscientes y resistencias internas”. El primer caso registrado por Freud sobre el amor de transferencia, es la situación que se le plantea a Breuer con su paciente Ana O. (1882). A Breuer, su mal manejo de la transferencia (concepto que desconocía) no sólo lo lleva a huir literalmente de su paciente, sino que la pierda a ésta como tal. También casi pierde su propio matrimonio, el cual, llegó a rescatar, improvisando una rápida luna de miel con su esposa. Freud asumió entonces el tratamiento de Ana O. y se pone en contacto con sus síntomas histéricos. Al respecto dice Jones uno de los discípulos de Freud y uno de sus biógrafos principales que, cuando Freud le comenta a su mujer Martha lo ocurrido a Breuer con Ana O., ella se identifica inmediatamente con la mujer de Breuer “intuyendo” la universalidad de la transferencia y le dice que ojalá a ella no le pase lo mismo con él.
En 1915 Freud publica su artículo "El amor de transferencia", indicando tres posibles resultados: “una unión legítima y duradera, un abandono del tratamiento o una relación amorosa ilegítima”. La otra posibilidad que además resulta ser la acertada indica, que el analista puede comprender que no es su persona, sino la relación analítica, la que desencadena ese amor. La transferencia entonces debe ser interpretada y analizada como una repetición y no como un recuerdo.
En Más allá del principio de placer, en 1920, Freud vuelve sobre este aspecto de repetición del deseo de amor por el terapeuta, cómo aquellas repeticiones que nunca fueron placenteras, pero que sin embargo se repiten sin que el paciente pueda resolver la frustración, que se diera en ocasión del requerimiento de amor edípico. De nuestras clases anteriores sabemos que el complejo de Edipo siempre es de a tres. El sujeto (que le pasa lo que le pasa) y otros dos (uno al cual quiere acercarse lo más posible y el otro que funciona como rival, que se interpone en ese camino). Freud descubre entonces, que lo que se transfiere básicamente en la terapia y el psicoanálisis es este complejo de Edipo. La llamada transferencia positiva es la transferencia erótica. La llamada transferencia negativa es la transferencia hostil.
La transferencia positiva y negativa, se manifiesta como resabios del complejo de Edipo. Sobre este material se va a trabajar en el análisis. El Analista debe tratar de ligar al paciente con él terapeuta y con la terapia. Para ello el analista debe ocupar un lugar importante en el psiquismo del paciente. Allí posicionado el analista va a poder ser objeto de aquello que el paciente transfiere. Para Freud la transferencia negativa (hostil) es frecuente, mientras que la transferencia positiva (erótica) aparece. Freud enseña que lo que hay que tratar de hacer es transformar la transferencia positiva erótica (si es que aparece) en una transferencia positiva no erótica. Una transferencia positiva sublimada, es algo parecido a una transferencia amistosa, confiada, en aquel clima en que debiera darse la transferencia.
Es la Sublimación uno de los mejores caminos. Se sale del Complejo de Edipo, mediante dos renuncias. Se renuncia a su objeto erótico “esto no es para mí” y se renuncia a la hostilidad. De esta manera se transforma esta sexualidad infantil. De hostilidad a una corriente sexual tierna. A partir de allí se vincula con los padres de una manera tierna. Transformación de un fin sexual, en un fin no sexual. De hostil a tierno.
Sería en la adolescencia dónde se reavive todo esto, en una segunda edición del Complejo de Edipo. Pero si en la infancia era fantasía, en la adolescencia puede ser realidad, de manera tal que el adolescente puede llevar a cabo un incesto y un homicidio. En tal sentido la adolescencia es tan difícil. El adolescente debe luchar contra sus deseos incestuosos y homicidas, por lo que esto lo lleva a separarse de los padres. Por la Sublimación pocas veces se logra esto, siempre quedan restos del Complejo de Edipo reprimidos y esto es lo que repetimos mediante la transferencia. Por eso para Freud el Complejo de Edipo básicamente es el nudo central de toda neurosis.
Al respecto, Melanie Klein va a tener otra mirada y va a investigar aquello pre edípico, aquello que ocurre entre el nacimiento y el primer año de vida, a lo que Pichón Rivière va a conceptualizar como Protovínculo y podemos pensar la transferencia por ejemplo a partir de este concepto, que es muy primario y que ocurre anterior al Complejo de Edipo. Es así que podemos pensar que todo aquello que ocurre en la vida de las personas, desde que nace, hasta la adolescencia es muy significativo, de alta importancia. Deja huellas y marcas muy profundas.
Director Centro de Estudios Sociales Argentino.
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Bibliografía:
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—(1902): "Fragmento de análisis de un caso de histeria. Caso Dora", O. C., Buenos Aires, Amorrortu..
—(1910): "El porvenir de la terapia psicoanalítica", O. C., Buenos Aires, Amorrortu..
—(1912): "Dinámica de la transferencia", O. C., Buenos Aires, Amorrortu..
—(1914): "Recuerdo, repetición y elaboración", O. C., Buenos Aires, Amorrortu..
—(1915): "Observaciones sobre el amor de transferencia", O. C., Buenos Aires, Amorrortu..
—(1917): "Conferencia Nº 27: La transferencia", O. C., Buenos Aires, Amorrortu..
—(1920): Más allá del principio de placer, O. C., Buenos Aires, Amorrortu..
—!921): Psicología de las masas y análisis del yo, O. C., Buenos Aires, Amorrortu.
Gay, P.: Freud, una vida de nuestro tiempo. Buenos Aires, Paidós, 1989.
Avenburg, R.: Psicoanálisis, perspectivas teóricas y clínicas, Buenos Aires, Publicar, 1998
- Pichón Rivière, E. “El Proceso Grupal”, Cap. Transferencia y Contratransferencia en la situación Grupal. Ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 1998.
- Norberto, Lipper. “Transferencia en los Grupos”. Centro de Formación en Psicología Social. 1999-2004.

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