viernes, 7 de octubre de 2016

Las escaras son un problema de todos. Parte II

Las escaras son un problema de todos.


Parte II.

Por Gustavo Juan Pérez*


Con los avances y el conocimiento que se tiene sobre las UPP (Úlceras por presión o escaras), hoy se sabe que el 95% de los casos pueden prevenirse. Esto, más allá de cualquier contexto o escenario social dónde se produzca, implica exigir responsabilidades tanto a los profesionales de los equipos de salud, cuanto a las instituciones.
Muchas de las medidas preventivas, no implican un mayor costo en dinero, pero sí implican un mayor deber ético y proactividad en el trabajo por parte de los profesionales involucrados y las instituciones en las que sucede.
Las medidas preventivas para las UPP, tienen efectos positivos si son el resultado del trabajo en equipo y, muchas veces sabemos que es lo que pasa, cuando tenemos que trabajar con otros, los narcisismos suelen jugarnos una mala pasada.
En gerontología hoy se habla de un nuevo paradigma centrado en la persona. Me pregunto: en dónde se centra el accionar de las instituciones?. Muchas veces en los costos - beneficios. En dónde se centra el accionar de algunos profesionales.? Muchas veces en satisfacer sus propios narcisismos.
Si en temas de salud, el deber ser kantiano se trueca por el hacemos lo que podemos y ya con esto cumplimos, estamos en problemas.
Acuerdo que muchas veces, hay poco personal para atender muchos pacientes y, por mas que ese personal se esfuerce, es imposible realizar su tarea de un modo eficiente y eficaz. Pero en estos casos, tampoco hay eximición de responsabilidades. Estamos tal vez ante la peor, que es la irresponsabilidad institucional, salud pública o privada. Estamos hablando de falta de responsabilidad, falta de ética y hasta de lesión misma a la dignidad humana o abandono de persona, por parte de los funcionarios, autoridades hospitalarias, clínicas o sanatorios, centros de salud, organismos municipales, provinciales o nacionales.
En nuestro país lamentablemente, la falta de políticas públicas concretas obedecieron muchas veces a políticas en beneficios de los privados, creando un mercado de la salud, dónde lo que se mercadea es la hotelería y la medicina en sí es una cáscara de nuez vacía. Todos vivimos a diario la desidia del Estado, de haber abandonado durante décadas funciones indelegables como la salud, la justicia y la educación. Se achicó ex profeso un Estado, para garantizar mercados, crearlos y expandirlos. Hace décadas vemos cual es la suerte que padecen los que menos tienen, cuando es el mercado el que manda y el Estado el que no regula ni controla.
Pero creo que lo que hay que trabajar es en un cambio cultural, dónde el otro sí me importa, más allá que no gane nada o no me resulte redituable. Una sociedad dónde el otro no me es indiferente, dónde se privilegia el sentido de comunidad a los meros intereses individuales, dónde el éxito sea una mejor calidad de vida para todos y no sólo para unos pocos. Si logramos este tipo de sociedad, con otros valores y principios, seguramente las instituciones y los hombres comprometidos con ellas y centradas en el bienestar de las personas, tendrán otro tipo de respuestas.
El problema no es que haya geriátricos dónde los viejos huelan mal. El problema es que no haya un Estado que controle y profesionales de la salud, que naturalicen esas prácticas o falta de prácticas y, no hagan nada para remediarlo. O la ética y deontología profesional de sus carreras resultó fagocitada por el sistema.¿?
La pregunta final es, somos capaces como profesionales de privilegiar nuestra ética profesional y enfrentar y combatir este sistema que pondera el beneficio económico o personal, a la dignidad del hombre.¿? Las instituciones, están al servicio de los hombres o los hombres, al servicio de las instituciones¿?. El Estado, garantiza la igualdad, el bienestar general, el derecho al trabajo, etc., etc., o es sólo letra muerta de algo que llamamos Constitución.¿?
El tema de escaras, planteado inicialmente como un mero tema médico sanitario, parece tener múltiples aristas, económicas, psicosociales, culturales, institucionales, éticas, otras. Muchas.
Parece un planteo muy utópico, lo que mi texto plantea. Y es verdad. Pero como dice Eduardo Galeano: para qué sirven las utopías, sino es para seguir caminando.
Que sigan bien.

* Gustavo Juan Pérez es Director CESA - Centro de Estudios Sociales Argentino

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