viernes, 28 de julio de 2017

Y veo, que eso es bueno.


Voy tan despacito,
pero tan despacito que,
puedo verme los pasos.
Y veo que eso es bueno.
Y sigo caminando.
A pesar del ritmo que,
me exigen los otros,
aquellos que cuando me detuve,
ya no estaban, habían huido. Lejos.
Y sigo caminando,
porque veo que es bueno,
a pesar de esas traiciones profundas,
dolorosas, encerronas del sendero.
Y a pesar de mis propios tropiezos,
de mis propias marchas y contramarchas.
De mis propios pasos no siempre certeros.
Pero guarda, ahora no voy solo,
voy con todos mis deseos,
No los abandono nunca,
en ningún lado los dejo.
Porque entonces sí, me estaría traicionando
de nuevo, como antes,
que no veía mis pasos,
y no era bueno.
Y sigo caminando y caminando,
pero mirando otras cosas del paisaje.
Ya no me quedo prendido de
falsos destellos, ni engañosos reflejos.
Ni de bonitas nubes que,
con sus formas ilusorias,
detienen mis pasos, de nuevo.
Ahora miro el cielo, el verdadero.
Sin detenerme a mirar aquello,
que me dicen tengo que mirar,
a pesar que, yo quiero tan solo
mientras ando mirar el cielo
Y en ese caminar y caminar, encuentro,
que, a pesar de ir despacito,
puedo sentir el cielo, sin perder de vista el suelo,
Y que entre ambos se abre la magia,
de seguir caminando a pesar de,
baches, pozos, traidores y, viejos recuerdos.
Ahora camino sin importar hacia donde,
porque lo importante no es llegar,
no es apurarse, ni correr,
ni ir tras los pasos del otro,
ni ser primero
Lo importante es saber que puedo,
observar cada uno de mis pasos.
Y sé, de verdad te digo,
que eso es bueno.

Gustavo Juan Pérez Zabatta 

Director CESA – Centro de Estudios Sociales Argentino

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