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Teatralidad, hipnosis y las raíces de la neurología moderna
Dr. David M. Warmflash
Los síntomas, entonces, no son en realidad más que un llanto de los órganos que sufren. –Jean-Martin Charcot
Casi 130 años después de su muerte, el nombre de Jean-Martin Charcot todavía resuena entre los neurólogos modernos. El afamado médico francés del siglo XIX hizo innumerables aportaciones perdurables al campo de la neurología.[1] El trastorno del pie, que tiene su epónimo podría ser la más conocida. También profundizó en neurosífilis, esclerosis múltiple y esclerosis lateral amiotrófica (o enfermedad de Charcot, como se le llama en Francia). Un trastorno genético que daña los nervios periféricos también lleva su nombre: enfermedad de Charcot-Marie-Tooth.
Trabajando desde una perspectiva de la tecnología (pues fue, ante todo, patólogo) Charcot se perfeccionó en estos trastornos neurológicos fundamentales, separándolos del diagnóstico global de histeria al revivir y sistematizar lo que llamó método anatomoclínico, y también contribuyó al desarrollo del examen neurológico.

Retrato del neurólogo francés Jean-Martin Charcot, año 1890.
Pionero en incorporar en medicina la microscopia y la fotografía, las tecnologías vanguardistas de su era, Charcot también fue tutor de residentes de las tallas de Joseph Babinski, Gilles de la Tourette y Sigmund Freud, clínicos que causaron considerable sensación.
Pero Charcot también tuvo defectos.
Al evolucionar hacia el médico celebre por excelencia del siglo XIX, se aventuró en la evaluación de diversos fenómenos químicos y físicos no tan benignos y en el dominio no neurológico de los trastornos histéricos, abordándolos con teatralidad, hipnosis y tal vez incluso algunos ensayos de representaciones de pacientes. Después de todo, era producto de una época en que la medicina apenas comenzaba a distinguirse de gran cantidad de creencias mágicas que impregnaban la sociedad. Y hasta nuestros días sigue siendo figura integral para comprender los trastornos que afectan al cerebro y el sistema nervioso.
Expectativas que superan con mucho lo modesto
Nacido el 29 de noviembre de 1825 en Paris, Jean-Martin Charcot tuvo que competir para obtener educación universitaria. Su padre, Simon-Pierre Charcot, fabricante de carruajes, calzado y armarios, tuvo oportunidad de educar solo a uno de sus cuatro hijos. Destacando entre sus tres hermanos más jóvenes en la escuela, Jean-Martin fue un artista dotado, pero también se sintió atraído por la medicina, optando finalmente por estudiar esta última carrera en la Université de Paris.
Se graduó de la facultad de medicina como estudiante promedio en 1853, y pudo obtener una pasantía en el Pitié-Salpêtrière. Aunque afiliado a la renombrada universidad La Sorbonne, el Salpêtrière tenía una reputación bastante mediocre. Construido como fábrica de armas y almacén de pólvora al servicio del Rey Luis XIII (reinado 1610-1643), el edificio había sido convertido en manicomio por su sucesor Luis XIV (reinado 1643-1715).

Hospital Salpêtrière, retratado a finales de la década de 1800.
El arte se convierte en ciencia
Notorio a mediados del siglo XVIII por ser un lugar donde dementes, indigentes y desahuciados eran ingresados con pocas esperanzas de ser dados de alta, Charcot describió el hospital Salpêtrière como "el gran manicomio de la miseria humana".[2] Sin embargo, consideraba a los 5.000 pacientes de la institución como un virtual museo de patología del cual él y otros pudieron llegar a comprender las enfermedades.
A muchos pacientes en el Salpêtrière se les designaba como personas que padecían histeria. Este era el diagnóstico por defecto para cualquier persona que mostrara signos o síntomas que podían al menos relacionarse remotamente con el sistema nervioso: cefaleas, sordera, psicosis, ansiedad, homosexualidad e incluso mujeres de proceder independiente en cuestiones de política y religión.
Aunque disecado por los anatomistas desde tiempos antiguos, el sistema nervioso central todavía era tierra desconocida en la época de la pasantía de Charcot. El propio científico que demostraría que el sistema nervioso central estaba compuesto por células, el neurocientífico español Santiago Ramón y Cajal, era apenas un preescolar y la idea de que la médula espinal era una extensión del cerebro era solo una hipótesis.
El arte se convierte en ciencia
Definiendo varios trastornos de la primera categoría fue como Charcot logró dejar su legado, creando lo que ahora conocemos como neurología. Hizo progresos durante su pasantía, y bajo la influencia del decano de su facultad de medicina, Dr. Pierre François Rayer (1793-1867), profesor de patología que también atendía la salud del Emperador Napoleón III, decidió estudiar patología. Se distinguió en parte porque esta fue una era previa a la de los patólogos que regularmente fotografiaban y preservaban de manera confiable especímenes: la destreza artística de Charcot le resultó muy útil para documentar la anatomía.
En 1857 el Salpêtrière asignó a Charcot como profesor de medicina y después jefe de los servicios médicos. Pero la labor de atención a los pacientes de Charcot se combinó con su perspectiva patológica. Junto con el Dr. Rayer, los mentores de Charcot eran Guillaume Duchenne (con cuyo nombre se designó la distrofia muscular de Duchenne). Duchenne proporcionaba especímenes patológicos a Charcot y lo introdujo al examen neurológico, así como a la utilización de la fotografía en medicina.
Charcot también encontró un mentor en el patólogo Alfred Vulpian (1826-1887), quien le enseñó microscopia, tecnología inventada en el siglo XVII, pero que estaba llegando a la mayoría de edad para el examen de especímenes histológicos.
Durante mediados del siglo XIX la histología era particularmente compleja en tejido nervioso. Sin lugar a duda, el anatomista checo Johannes Punkinje (1787-1869) había demostrado desde 1837 la presencia de lo que ahora llamamos neuronas en el cerebelo. Sin embargo, los verdaderos avances surgieron más tarde en el siglo con el ascenso de Ramón y Cajal y Camillo Golgi (1843-1926), de Italia.
En el debate entre la idea de Golgi de que el sistema nervioso central era una red eléctrica continua y la idea de Cajal de que constaba de células, los dos científicos introducirían una nueva técnica de tinción (inventada por Golgi y mejorada por Ramón y Cajal) que les ganaría a ambos el Premio Nobel de 1906 en fisiología o medicina.[3] Utilizando dicromato de potasio y nitrato de plata, la técnica oscurecía los axones mielinizados, las dendritas y las neurofibrillas, y dejaba más claras las otras estructuras histológicas, dilucidando con ello los fascículos y núcleos del sistema nervioso central a partir de cerca del punto medio de la carrera de Charcot.

Ejemplo del método de tinción de Golgi-Cajal.
Previamente los patólogos podían ver los límites entre la sustancia gris y la sustancia blanca, pero con mucho menos detalle. Mediante la sección minuciosa a través de la columna vertebral en secciones transversales, podían interpretar en cierto grado la anatomía de la médula espinal. Hacia la década de 1860, Charcot también hacía esto, y si bien puede no haber sido el primero en ver la médula espinal de esta forma, sí fue el primero en conectar lo que observaba con manifestaciones neurológicas particulares.
Autopsias dignas de entusiasmo
El método anatomoclínico implicaba correlacionar los hallazgos de las necropsias con manifestaciones clínicas registradas antes de la muerte de cada paciente. Charcot era reconocido por anticipar los hallazgos post mortem, con mucho entusiasmo. Uno de estos casos fue el de una empleada doméstica que trabajaba en la casa de Charcot, a quien se le caía la vajilla con frecuencia creciente.[4] El ama de llaves quería despedirla, pero Charcot decidió conservarla, esperando observar su deterioro y tal vez, en última instancia, llevar a cabo una autopsia. "Muchas vajillas después, en palabras del investigador de las enfermedades neurodegenerativas y comediante, Dr. Aaron Wagen", Charcot diagnosticó esclerosis múltiple.[5]
El examen post mortem realizado por Charcot en pacientes similares reveló esclerosis, o tejido nervioso rígido reemplazado por tejido conjuntivo.[6] Por lo demás, estas lesiones escleróticas ocurrían en más de un lugar, por lo que incluyó la palabra múltiple en su diagnóstico recién bautizado.
De clínico discutible a médico famoso
Si bien la esclerosis múltiple podía incluir alguna alteración mental y tener evolución bastante crónica, con altibajos durante muchos años, Charcot también notaba pacientes afectados por la alteración muscular que tendían a conservar los procesos mentales, pero que avanzaban más rápido a la parálisis y a menudo a la muerte al cabo de algunos años. Al acudir con Charcot en 1865, una de estas pacientes llamada Marie sufría parálisis progresiva y contracturas que comenzaron en sus brazos y que luego se siguieron a sus piernas y, por consiguiente, se había considerado "histérica", pese a la falta de alteraciones mentales. Con el tiempo, sus músculos respiratorios se vieron afectados y falleció.
Trabajando con uno de sus estudiantes, el Dr. Alix Joffroy (1844-1908), Charcot efectuó autopsia a Marie y otros pacientes con antecedentes similares en los años subsiguientes.[2] La autopsia demostró lesiones en la parte lateral de la médula espinal, donde los impulsos motores se transmiten a las extremidades a través del fascículo corticoespinal lateral. Las lesiones eran escleróticas, dando lugar a emaciación muscular progresiva, o amiotrofia. Puesto que muchas de las lesiones afectaban a la columna lateral, en 1874 Charcot acuñó el término esclerosis lateral amiotrófica.
El trabajo de Charcot fue claramente fundamental para el fin diagnóstico de la neurología, pero las cosas se complican cuando analizamos sus conductas terapéuticas. Daba liberalmente mercurio a pacientes con sífilis, frotándolo sobre todo su cuerpo. También prescribía centeno que contenía alcaloide del cornezuelo y cauterización con hierro candente en la espalda (ambos, como el mercurio, conocidos por peligrosos en ese tiempo) al igual compuestos con eficacia dudosa como el sulfato de zinc y el nitrato de plata.[7]
No hay duda de que algunos tratamientos que recomendó proporcionaban beneficio, como bromuros para la epilepsia.[7] Para diversos trastornos, Charcot también ensayó con la hidroterapia (lanzando agua fría a los pacientes con una manguera a alta presión) y la electroterapia (aplicando electrochoques en diversas partes del cuerpo). Tal vez la aplicación de electrochoques le ayudó a dilucidar las conexiones anatómicas con diversos nervios y músculos, ayudando a sus aportaciones al examen neurológico, pero no pudo haber sido agradable para los pacientes.

El neurólogo Jean-Martin Charcot en un consultorio del Hospital Pitié-Salpêtrière para enfermos mentales en Paris. Los pacientes esperan a su tratamiento con corriente eléctrica.
Sin embargo, Charcot se convertiría en un médico famoso, tal vez en parte por su éxito en describir la esclerosis lateral amiotrófica, la esclerosis múltiple y la neurosífilis, y también trastornos neurológicos periféricos, como el pie de Charcot y la enfermedad de Charcot-Marie-Tooth.
Además, de manera muy parecida al neurocirujano pionero y científico endocrino, Dr. Harvey Cushing, las aportaciones de Charcot se extendieron más allá de su propio campo. Considérese la tríada consistente en dolor en el hipocondrio derecho, ictericia y fiebre, que indica colangitis aguda. A esto se le llama tríada de Charcot.
Otro factor que aumentó la fama de Charcot fueron sus conferencias públicas. Las ofrecía generalmente los martes por la mañana, y podían ser bastante teatrales, como en un caso en que Charcot adhirió una baguette a la cabeza de un paciente para hacer más evidente al auditorio el temblor de la cabeza.[5]
Más tarde en su carrera Charcot dirigió su atención a trastornos que se presentaban no solo con signos neurológicos, sino aquellos con síntomas conectados con la personalidad y la conducta. Es mérito suyo el rechazo a la idea de la histeria como causa de tales trastornos. Insistió en que la patología subyacente a cualquier conducta debe radicar en el propio cerebro.
Sin embargo, no obstante, mezcló algunos casos de epilepsia con histeria. Para atender a estos pacientes y demostrar sus trastornos al público, en una ocasión una vez más hizo uso de procedimientos dramáticos, como hipnosis y electroestimulación. Demostró la hipnosis como un medio para desencadenar convulsiones y otros fenómenos histéricos, presentando a los pacientes frente a audiencias en vivo. Una de estas pacientes fue Marie "Blanche" Wittmann (1859-1913). No hay que confundirla con Marie la paciente con esclerosis lateral amiotrófica; Wittmann fue llamada "reina de las histéricas", porque podía convulsionarse por medio de la hipnosis; es decir, hasta la muerte de Charcot a la edad de 67 años (algunos sospechan que la convencía para que actuara).

Jean-Martín Charcot demostrando la hipnosis, en 1879.
Charcot terminó viviendo una vida de celebridad. Se mezcló con la alta sociedad parisina del siglo XIX y se entregó sin moderación a los hábitos de salud deficientes que conllevaban tal clase de vida. Vino, tabaco. Alimentos ricos, grasos.[8]
Murió de insuficiencia cardiaca el 16 de agosto de 1893, después de lo cual Marie, la reina de las histéricas, le sobrevivió dos décadas, sin nunca volver a tener otro episodio histérico.
El Dr. Warmflash es un escritor independiente en el campo de la salud y la ciencia que vive en Portland, Oregón. En su libro reciente: Moon: An Illustrated History: From Ancient Myths to the Colonies of Tomorrow, relata la historia de la función de la luna en una gran cantidad de acontecimientos históricos desde el origen de la vida, hasta los primeros sistemas de calendarios, y el surgimiento de la ciencia y la tecnología, hasta los albores de la era espacial.
Publicada originalmente en https://espanol.medscape.com/verarticulo/5906827_1
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