jueves, 13 de julio de 2023

 COMUNICACION INTERPERSONAL



El beneficio de la COMUNICACIÓN INTERPERSONAL presencial, es decir, la comunicación cara a cara entre dos o más personas, radica en varias ventajas importantes:

📌Comunicación no verbal: En una interacción presencial, tenemos acceso a señales no verbales como expresiones faciales, gestos, tono de voz, contacto visual y lenguaje corporal. Estas señales transmiten información adicional y enriquecen la comprensión mutua. La comunicación no verbal puede ayudar a expresar emociones, enfatizar puntos clave y mejorar la empatía y la conexión entre las personas.

📌Retroalimentación inmediata: Durante una conversación cara a cara, las respuestas y reacciones de los participantes son prácticamente instantáneas. Esto permite una retroalimentación inmediata y facilita el ajuste del mensaje o la respuesta en el momento, lo que ayuda a evitar malentendidos y aclarar cualquier punto confuso.

📌Construcción de relaciones más sólidas: La comunicación interpersonal presencial fomenta el establecimiento de relaciones más sólidas y duraderas. El contacto directo con otras personas crea un ambiente de confianza y facilita la conexión emocional. Además, el intercambio de información y la interacción cara a cara permiten un mejor conocimiento mutuo, lo que puede fortalecer los lazos y generar una mayor cercanía.

📌Contexto y ambiente compartidos: Al encontrarse físicamente en el mismo lugar, las personas pueden tener acceso a un contexto y ambiente compartidos. Esto puede incluir el entorno físico, como una sala de reuniones o un espacio de trabajo, así como elementos situacionales, como eventos o situaciones específicas que ocurren en el entorno. El contexto y ambiente compartidos ayudan a mejorar la comprensión mutua y a establecer una conexión más profunda.

📌Resolución de conflictos y negociación efectiva: La comunicación interpersonal presencial facilita la resolución de conflictos y la negociación efectiva. Al estar presentes físicamente, las personas tienen la oportunidad de leer y responder a las señales no verbales de los demás, lo que puede contribuir a una mejor comprensión de las emociones y las posturas de cada uno. Esto puede ayudar a encontrar soluciones mutuamente beneficiosas y alcanzar acuerdos más satisfactorios.

Aunque la tecnología ha permitido una comunicación más rápida y conveniente a través de medios electrónicos, la comunicación interpersonal presencial sigue siendo valiosa debido a estos beneficios que promueven una comunicación más efectiva y significativa entre las personas.

AUTOR DESCONOCIDO.

CESA - Centro de Estudios Sociales Argentino.

Mail: institucional.cesa@gmail.com

***Valores - Familia - Gestión Psico Socio Gerontológica***🥰


martes, 27 de diciembre de 2022

 Medscape

Teatralidad, hipnosis y las raíces de la neurología moderna

Dr. David M. Warmflash


Los síntomas, entonces, no son en realidad más que un llanto de los órganos que sufren. –Jean-Martin Charcot

Casi 130 años después de su muerte, el nombre de Jean-Martin Charcot todavía resuena entre los neurólogos modernos. El afamado médico francés del siglo XIX hizo innumerables aportaciones perdurables al campo de la neurología.[1] El trastorno del pie, que tiene su epónimo podría ser la más conocida. También profundizó en neurosífilisesclerosis múltiple y esclerosis lateral amiotrófica (o enfermedad de Charcot, como se le llama en Francia). Un trastorno genético que daña los nervios periféricos también lleva su nombre: enfermedad de Charcot-Marie-Tooth.

Trabajando desde una perspectiva de la tecnología (pues fue, ante todo, patólogo) Charcot se perfeccionó en estos trastornos neurológicos fundamentales, separándolos del diagnóstico global de histeria al revivir y sistematizar lo que llamó método anatomoclínico, y también contribuyó al desarrollo del examen neurológico.

Retrato del neurólogo francés Jean-Martin Charcot, año 1890.

Pionero en incorporar en medicina la microscopia y la fotografía, las tecnologías vanguardistas de su era, Charcot también fue tutor de residentes de las tallas de Joseph Babinski, Gilles de la Tourette y Sigmund Freud, clínicos que causaron considerable sensación.

Pero Charcot también tuvo defectos.

Al evolucionar hacia el médico celebre por excelencia del siglo XIX, se aventuró en la evaluación de diversos fenómenos químicos y físicos no tan benignos y en el dominio no neurológico de los trastornos histéricos, abordándolos con teatralidad, hipnosis y tal vez incluso algunos ensayos de representaciones de pacientes. Después de todo, era producto de una época en que la medicina apenas comenzaba a distinguirse de gran cantidad de creencias mágicas que impregnaban la sociedad. Y hasta nuestros días sigue siendo figura integral para comprender los trastornos que afectan al cerebro y el sistema nervioso.

Expectativas que superan con mucho lo modesto

Nacido el 29 de noviembre de 1825 en Paris, Jean-Martin Charcot tuvo que competir para obtener educación universitaria. Su padre, Simon-Pierre Charcot, fabricante de carruajes, calzado y armarios, tuvo oportunidad de educar solo a uno de sus cuatro hijos. Destacando entre sus tres hermanos más jóvenes en la escuela, Jean-Martin fue un artista dotado, pero también se sintió atraído por la medicina, optando finalmente por estudiar esta última carrera en la Université de Paris.

Se graduó de la facultad de medicina como estudiante promedio en 1853, y pudo obtener una pasantía en el Pitié-Salpêtrière. Aunque afiliado a la renombrada universidad La Sorbonne, el Salpêtrière tenía una reputación bastante mediocre. Construido como fábrica de armas y almacén de pólvora al servicio del Rey Luis XIII (reinado 1610-1643), el edificio había sido convertido en manicomio por su sucesor Luis XIV (reinado 1643-1715).

Hospital Salpêtrière, retratado a finales de la década de 1800.

El arte se convierte en ciencia

Notorio a mediados del siglo XVIII por ser un lugar donde dementes, indigentes y desahuciados eran ingresados con pocas esperanzas de ser dados de alta, Charcot describió el hospital Salpêtrière como "el gran manicomio de la miseria humana".[2] Sin embargo, consideraba a los 5.000 pacientes de la institución como un virtual museo de patología del cual él y otros pudieron llegar a comprender las enfermedades.

A muchos pacientes en el Salpêtrière se les designaba como personas que padecían histeria. Este era el diagnóstico por defecto para cualquier persona que mostrara signos o síntomas que podían al menos relacionarse remotamente con el sistema nervioso: cefaleas, sordera, psicosis, ansiedad, homosexualidad e incluso mujeres de proceder independiente en cuestiones de política y religión.

Aunque disecado por los anatomistas desde tiempos antiguos, el sistema nervioso central todavía era tierra desconocida en la época de la pasantía de Charcot. El propio científico que demostraría que el sistema nervioso central estaba compuesto por células, el neurocientífico español Santiago Ramón y Cajal, era apenas un preescolar y la idea de que la médula espinal era una extensión del cerebro era solo una hipótesis.

El arte se convierte en ciencia

Definiendo varios trastornos de la primera categoría fue como Charcot logró dejar su legado, creando lo que ahora conocemos como neurología. Hizo progresos durante su pasantía, y bajo la influencia del decano de su facultad de medicina, Dr. Pierre François Rayer (1793-1867), profesor de patología que también atendía la salud del Emperador Napoleón III, decidió estudiar patología. Se distinguió en parte porque esta fue una era previa a la de los patólogos que regularmente fotografiaban y preservaban de manera confiable especímenes: la destreza artística de Charcot le resultó muy útil para documentar la anatomía.

En 1857 el Salpêtrière asignó a Charcot como profesor de medicina y después jefe de los servicios médicos. Pero la labor de atención a los pacientes de Charcot se combinó con su perspectiva patológica. Junto con el Dr. Rayer, los mentores de Charcot eran Guillaume Duchenne (con cuyo nombre se designó la distrofia muscular de Duchenne). Duchenne proporcionaba especímenes patológicos a Charcot y lo introdujo al examen neurológico, así como a la utilización de la fotografía en medicina.

Charcot también encontró un mentor en el patólogo Alfred Vulpian (1826-1887), quien le enseñó microscopia, tecnología inventada en el siglo XVII, pero que estaba llegando a la mayoría de edad para el examen de especímenes histológicos.

Durante mediados del siglo XIX la histología era particularmente compleja en tejido nervioso. Sin lugar a duda, el anatomista checo Johannes Punkinje (1787-1869) había demostrado desde 1837 la presencia de lo que ahora llamamos neuronas en el cerebelo. Sin embargo, los verdaderos avances surgieron más tarde en el siglo con el ascenso de Ramón y Cajal y Camillo Golgi (1843-1926), de Italia.

En el debate entre la idea de Golgi de que el sistema nervioso central era una red eléctrica continua y la idea de Cajal de que constaba de células, los dos científicos introducirían una nueva técnica de tinción (inventada por Golgi y mejorada por Ramón y Cajal) que les ganaría a ambos el Premio Nobel de 1906 en fisiología o medicina.[3] Utilizando dicromato de potasio y nitrato de plata, la técnica oscurecía los axones mielinizados, las dendritas y las neurofibrillas, y dejaba más claras las otras estructuras histológicas, dilucidando con ello los fascículos y núcleos del sistema nervioso central a partir de cerca del punto medio de la carrera de Charcot.

Ejemplo del método de tinción de Golgi-Cajal.

Previamente los patólogos podían ver los límites entre la sustancia gris y la sustancia blanca, pero con mucho menos detalle. Mediante la sección minuciosa a través de la columna vertebral en secciones transversales, podían interpretar en cierto grado la anatomía de la médula espinal. Hacia la década de 1860, Charcot también hacía esto, y si bien puede no haber sido el primero en ver la médula espinal de esta forma, sí fue el primero en conectar lo que observaba con manifestaciones neurológicas particulares.

Autopsias dignas de entusiasmo

El método anatomoclínico implicaba correlacionar los hallazgos de las necropsias con manifestaciones clínicas registradas antes de la muerte de cada paciente. Charcot era reconocido por anticipar los hallazgos post mortem, con mucho entusiasmo. Uno de estos casos fue el de una empleada doméstica que trabajaba en la casa de Charcot, a quien se le caía la vajilla con frecuencia creciente.[4] El ama de llaves quería despedirla, pero Charcot decidió conservarla, esperando observar su deterioro y tal vez, en última instancia, llevar a cabo una autopsia. "Muchas vajillas después, en palabras del investigador de las enfermedades neurodegenerativas y comediante, Dr. Aaron Wagen", Charcot diagnosticó esclerosis múltiple.[5]

El examen post mortem realizado por Charcot en pacientes similares reveló esclerosis, o tejido nervioso rígido reemplazado por tejido conjuntivo.[6] Por lo demás, estas lesiones escleróticas ocurrían en más de un lugar, por lo que incluyó la palabra múltiple en su diagnóstico recién bautizado.

De clínico discutible a médico famoso

Si bien la esclerosis múltiple podía incluir alguna alteración mental y tener evolución bastante crónica, con altibajos durante muchos años, Charcot también notaba pacientes afectados por la alteración muscular que tendían a conservar los procesos mentales, pero que avanzaban más rápido a la parálisis y a menudo a la muerte al cabo de algunos años. Al acudir con Charcot en 1865, una de estas pacientes llamada Marie sufría parálisis progresiva y contracturas que comenzaron en sus brazos y que luego se siguieron a sus piernas y, por consiguiente, se había considerado "histérica", pese a la falta de alteraciones mentales. Con el tiempo, sus músculos respiratorios se vieron afectados y falleció.

Trabajando con uno de sus estudiantes, el Dr. Alix Joffroy (1844-1908), Charcot efectuó autopsia a Marie y otros pacientes con antecedentes similares en los años subsiguientes.[2] La autopsia demostró lesiones en la parte lateral de la médula espinal, donde los impulsos motores se transmiten a las extremidades a través del fascículo corticoespinal lateral. Las lesiones eran escleróticas, dando lugar a emaciación muscular progresiva, o amiotrofia. Puesto que muchas de las lesiones afectaban a la columna lateral, en 1874 Charcot acuñó el término esclerosis lateral amiotrófica.

El trabajo de Charcot fue claramente fundamental para el fin diagnóstico de la neurología, pero las cosas se complican cuando analizamos sus conductas terapéuticas. Daba liberalmente mercurio a pacientes con sífilis, frotándolo sobre todo su cuerpo. También prescribía centeno que contenía alcaloide del cornezuelo y cauterización con hierro candente en la espalda (ambos, como el mercurio, conocidos por peligrosos en ese tiempo) al igual compuestos con eficacia dudosa como el sulfato de zinc y el nitrato de plata.[7]

No hay duda de que algunos tratamientos que recomendó proporcionaban beneficio, como bromuros para la epilepsia.[7] Para diversos trastornos, Charcot también ensayó con la hidroterapia (lanzando agua fría a los pacientes con una manguera a alta presión) y la electroterapia (aplicando electrochoques en diversas partes del cuerpo). Tal vez la aplicación de electrochoques le ayudó a dilucidar las conexiones anatómicas con diversos nervios y músculos, ayudando a sus aportaciones al examen neurológico, pero no pudo haber sido agradable para los pacientes.

El neurólogo Jean-Martin Charcot en un consultorio del Hospital Pitié-Salpêtrière para enfermos mentales en Paris. Los pacientes esperan a su tratamiento con corriente eléctrica.

Sin embargo, Charcot se convertiría en un médico famoso, tal vez en parte por su éxito en describir la esclerosis lateral amiotrófica, la esclerosis múltiple y la neurosífilis, y también trastornos neurológicos periféricos, como el pie de Charcot y la enfermedad de Charcot-Marie-Tooth.

Además, de manera muy parecida al neurocirujano pionero y científico endocrino, Dr. Harvey Cushing, las aportaciones de Charcot se extendieron más allá de su propio campo. Considérese la tríada consistente en dolor en el hipocondrio derecho, ictericia y fiebre, que indica colangitis aguda. A esto se le llama tríada de Charcot.

Otro factor que aumentó la fama de Charcot fueron sus conferencias públicas. Las ofrecía generalmente los martes por la mañana, y podían ser bastante teatrales, como en un caso en que Charcot adhirió una baguette a la cabeza de un paciente para hacer más evidente al auditorio el temblor de la cabeza.[5]

Más tarde en su carrera Charcot dirigió su atención a trastornos que se presentaban no solo con signos neurológicos, sino aquellos con síntomas conectados con la personalidad y la conducta. Es mérito suyo el rechazo a la idea de la histeria como causa de tales trastornos. Insistió en que la patología subyacente a cualquier conducta debe radicar en el propio cerebro.

Sin embargo, no obstante, mezcló algunos casos de epilepsia con histeria. Para atender a estos pacientes y demostrar sus trastornos al público, en una ocasión una vez más hizo uso de procedimientos dramáticos, como hipnosis y electroestimulación. Demostró la hipnosis como un medio para desencadenar convulsiones y otros fenómenos histéricos, presentando a los pacientes frente a audiencias en vivo. Una de estas pacientes fue Marie "Blanche" Wittmann (1859-1913). No hay que confundirla con Marie la paciente con esclerosis lateral amiotrófica; Wittmann fue llamada "reina de las histéricas", porque podía convulsionarse por medio de la hipnosis; es decir, hasta la muerte de Charcot a la edad de 67 años (algunos sospechan que la convencía para que actuara).

Jean-Martín Charcot demostrando la hipnosis, en 1879.

Charcot terminó viviendo una vida de celebridad. Se mezcló con la alta sociedad parisina del siglo XIX y se entregó sin moderación a los hábitos de salud deficientes que conllevaban tal clase de vida. Vino, tabaco. Alimentos ricos, grasos.[8]

Murió de insuficiencia cardiaca el 16 de agosto de 1893, después de lo cual Marie, la reina de las histéricas, le sobrevivió dos décadas, sin nunca volver a tener otro episodio histérico.

El Dr. Warmflash es un escritor independiente en el campo de la salud y la ciencia que vive en Portland, Oregón. En su libro reciente: Moon: An Illustrated History: From Ancient Myths to the Colonies of Tomorrow, relata la historia de la función de la luna en una gran cantidad de acontecimientos históricos desde el origen de la vida, hasta los primeros sistemas de calendarios, y el surgimiento de la ciencia y la tecnología, hasta los albores de la era espacial.

Publicada originalmente en https://espanol.medscape.com/verarticulo/5906827_1

 

Historia de la medicina: El problema de los traseros de la realeza

Christoph Renninger

En enero de 1686, se formó un tumor en la parte inferior del cuerpo del rey. Su médico personal, Dr. Antoine Daquin, lo describió como un pequeño nódulo, a dos dedos de distancia del ano, no doloroso, enrojecido y no pulsante. El nódulo se debía probablemente a una glándula inflamada, ya que esto era habitual en el siglo XVII.

Retrato de Luis XIV, rey de Francia, pintado por Rigaud o Nicolas Largillierre. Fuente: Wikimedia Commons

Los médicos del rey comenzaron el tratamiento con varios tipos de compresas: de azúcar, de diversas hierbas o de rosas hervidas en vino tinto. Cuando el nódulo se convirtió en un absceso perianal, se le practicó una punción para drenar el pus. Los médicos rellenaron la cavidad resultante con diversas sustancias, con gran dolor para el rey.

Luis XIV se enfadaba cada vez más porque el absceso seguía supurando y le obligaba a cambiarse de ropa dos o tres veces al día. Su malestar continuó por meses y el dolor también aumentaba. Cada vez que se sentía mejor, los médicos de la corte lo empeoraban de nuevo con enemas y laxantes. Al cabo de cuatro meses, se había formado una fístula. Los tratamientos regulares con hierro candente habían aumentado la extensión.

Al cabo de meses de dolor y otras molestias, el soberano se dio cuenta de la incapacidad de sus médicos y decidió operarse. Mientras tanto, se aisló en sus aposentos privados de Versalles. Rara vez se le veía en la corte, tuvo que dejar de montar a caballo y en los jardines se mantenía en una silla de manos.

El preludio de la cirugía

En aquella época, los cirujanos tenían un rango inferior al de los médicos y ningún cirujano debería atreverse a poner una mano sobre el rey a menos que dominara la operación a la perfección. La operación se planificó con todo detalle y en estricto secreto. Aparte de los médicos del rey, solo fueron informados su amante y esposa secreta Madame de Maintenon y su confesor Pére La Chaise. El heredero del trono no sabía nada al respecto.

Charles-Francois Félix de Tassy, cirujano real. Fuente: Wikimedia Commons

El cirujano real Charles-François Félix junior (1635-1703) nunca había realizado una operación de este tipo, pero se le permitió adquirir experiencia empírica. La operación se probó en pacientes de los hospitales de Versalles. Los historiadores han intentado sin éxito averiguar más sobre su suerte, aunque se rumorea que los fallecidos fueron enterrados en secreto al amanecer y que solo sobrevivió un paciente.






Félix se preocupó especialmente por los instrumentos adecuados y desarrolló le bistouri royal (el bisturí real). Se trataba de un bisturí largo y curvado de plata, que ahora se expone en el Museo de Historia de la Medicina de París.

El día de la operación

El día antes de la operación, el rey se paseó por sus jardines y cenó con su familia. Debido a los fuertes dolores que sufría, finalmente decidió posponer la operación para otro día a corto plazo. Así, el 18 de noviembre de 1686, a las 7 de la mañana, llegó el momento.

Para no despertar sospechas, los médicos y cirujanos reales, así como cuatro boticarios, habían llegado a la antesala de la alcoba real a primera hora de la mañana por diferentes caminos. Después de un enema preoperatorio, el rey mostró gran interés por los instrumentos que se iban a utilizar y parecía tener los nervios bien controlados.

Luis XIV estaba ahora tumbado en una cama con una almohada bajo el estómago y las piernas abiertas. La operación, de tres horas de duración, se realizó sin ningún tipo de anestesia. Supuestamente, el rey no se quejó de dolor y solo gritó "Mon Dieu" dos veces, aunque el dolor debió haber sido insoportable.

La operación fue un éxito, el rey se curó. Posteriormente, fueron necesarias otras dos operaciones similares; sin embargo, el Rey Sol quedó convencido por el método de la operación, incluso entusiasmado. La noticia de la cura se extendió rápidamente por el palacio. El rey celebró la corte desde su cama, cantando y con mucho ánimo. Menos de dos días después, Luis XIV estaba de nuevo en pie.

¿Un lugar en los libros de historia?

Fue probablemente la operación más famosa del siglo XVII y sin embargo solo figura en el historial médico personal del rey con una mención de media página. Daquin, por su actitud despectiva hacia los cirujanos, probablemente habría prescindido por completo del tema. Después de la operación, ordenó por su parte una sangría.

Félix, como el cirujano de la operación, obviamente estaba interesado en una descripción más detallada y escribió un documento de 18 páginas al día siguiente. Poco se sabe del paradero de este informe en los años posteriores. Se dice que en 2007 reapareció y se vendió en una subasta por 4.000 euros.

Las consecuencias de la operación

A pesar de que el rey francés Luis XIV les temía a las intervenciones quirúrgicas, se había dejado extirpar una fístula anal con un nuevo tipo de instrumento, con un alto riesgo de hemorragia y sin anestesia. La famosa operación tuvo una serie de consecuencias.

Los esfuerzos de los cirujanos se vieron recompensados con títulos nobiliarios, palacios y riquezas. Todas las personas que sufrían de fístula anal tenían ahora la esperanza de curarse con la operación. Y como todo lo que hacía el Rey Sol, la operación se convirtió en la moda de la corte. Los nobles hacían fila para ser operados como el rey, con o sin fístula.

No solo el rey fue muy valiente en la operación, también lo fueron los cirujanos. Una operación fallida o incluso la muerte del rey habrían tenido gravísimas consecuencias. La noticia del éxito se propagó por todo Europa y muchas personas acudieron a Francia para ser operadas por los hábiles cirujanos. París era el centro de la anatomía y la cirugía. Los cirujanos, antes eclipsados por los médicos, pasaron a ser el centro de atención.

Luis XIV también necesitó ayuda quirúrgica en otras ocasiones, tras un accidente de equitación en 1683 y debido a un absceso en el cuello. Su posterior cirujano de la corte, Georges Mareschal (1686-1736), también era conocido en toda Europa por sus habilidades para operar cálculos vesicales.

Dr. Georges Mareschal, cirujano. Fuente: Wikimedia Commons

La muerte de Luis XIV en 1715 se debió precisamente a errores médicos. Sus médicos se opusieron a la intervención quirúrgica y confundieron una gangrena incipiente con una ciática. El rey les suplicó a sus cirujanos que le amputaran la pierna, pero ya era demasiado tarde. Con un dolor extremo, el rey murió, a pesar de que una amputación temprana podría haberle salvado la vida.

La evolución de la cirugía francesa

El poder y la influencia del Rey Sol establecieron la cirugía como disciplina médica. Así, él mismo estableció cátedras de cirugía en Le Jardin du Roi (actual Jardin des Plantes), a menudo en disputa con la poderosa facultad de medicina. La universidad veía con recelo a los médicos reales y se mostraba escéptica ante el ascenso de los cirujanos. El profesorado tenía fama de ser reaccionario y hostil a las nuevas ideas de la Ilustración e incluso se produjeron altercados físicos.

Tras la muerte de Luis XIV, los siguientes cirujanos en jefe reales llevaron a cabo una serie de reformas, como la reorganización de la formación quirúrgica con la ayuda de cirujanos experimentados. Los primeros cursos oficiales se celebraron en 1724; la facultad de medicina intentó sin éxito hacerse con su control.

Un paso importante fue la creación de l'Academie Royale de Chirurgie en 1731 con el apoyo de Luis XV. La creación de la academia tuvo un éxito inmediato y fue rápidamente respetada en el mundo profesional. Existió durante 62 años y produjo un gran número de cirujanos de renombre.

El filósofo Voltaire (1694-1778) describió cómo el progreso de la cirugía era tan rápido y sorprendente que personas de todo el mundo acudían a París para ser operadas. Francia no solo contaba con excelentes cirujanos, sino que era el único país que disponía del instrumental necesario.

Con la revolución de 1789, la academia real llegó asimismo a su fin. En los turbulentos años que siguieron, con repúblicas, imperios y reinos cambiantes, hubo poco desarrollo académico en el campo de la cirugía. No se crearía una nueva sociedad profesional hasta 1843 en París.

Bajo la influencia de las obras del escritor y filósofo Denis Diderot (1713-1784), la medicina interna y la cirugía se unirían en el estudio de la medicina. Las instituciones médicas de París, Montpellier y Estrasburgo sustituyeron a los centros de formación puramente quirúrgicos.

Napoleón Bonaparte (1769-1821) impidió una nueva división de las disciplinas médicas al prohibir una organización independiente de los cirujanos. En 1808 se produjo una reorganización de las universidades y se restablecieron las facultades de medicina, con la existencia igualitaria de las disciplinas médicas importantes.

Este contenido fue originalmente publicado en Coliquio, parte de la Red Profesional de Medscape.

https://www.facebook.com/PEAAJuan
CESA - Centro de Estudios Sociales Argentino.
Mail: institucional.cesa@gmail.com
Tenemos una oferta educativa para vos!! Amplía tus recursos y capacidades. Crea tu futuro. Eres tu propio límite. Valores comunitarios.!!

jueves, 11 de febrero de 2021

Proceso de Individuación

Para el Dr. Carl Jung, Padre de la Psicología Analítica, cada persona es única y singular. Y todos a partir de estar vivos estamos convocados a llevar adelante un proceso de transformación que Jung llamaba Individuación.



Este proceso trata en esencia de despertar nuestro potencial y nuestra conciencia individual, venciendo por cierto las siempre presentes resistencias, para lograr ser personas libres.
Ahora bien, este Proceso de Individuación no atañe sólo a cuestiones psicológicas, sino que también implica un desarrollo espiritual - filosófico.
En este proceso, lo inconsciente emerge al mundo consciente, por lo que el proceso implica también un aprendizaje donde la persona debe aprender a manejar su sombra, conformando de esta manera un yo luminoso que nos permita ser felices y libres.
La individuación es clave en nuestro proceso vital. Supone dejar de lado obstáculos, dificultades, condicionantes y esquemas disfuncionales. Es decir, implica un profundo trabajo en nosotros mismos.
Algunas acciones que favorecen que podamos llevar adelante este proceso son:
Despertar nuestra consciencia, ampliarla. No somos sólo un cuerpo, ni aquello que nos rodea. Ni siquiera somos aquello que tenemos o incluso las personas que están a nuestro lado.
El trabajo debe estar orientado a trabajar la tensión de los opuestos. Conciliar en nuestras vidas luces y sombras, errores y aciertos, blancos y negros. No se trata de suprimir lo que no nos gusta e iluminar aquello que nos hace brillar. Se trata de conciliar, comprender y aceptar.
Trabajar en nuestra creatividad, nuestra imaginación, para lo cual toda expresión artística ayuda y mucho, leer, escribir, pintar, jugar, etc. El arte puede ser un buen vehículo para aceptar y trabajar la tensión de los opuestos.
En definitiva el Proceso de Individuación implica transformar-nos en individuos integrados donde podamos llegar a ser uno mismo, plenos, auténticos, autónomos e independientes.


GJPZ.

sábado, 21 de marzo de 2020

EL SOL Y LA BELLEZA DE LA VIDA

EL SOL Y LA BELLEZA DE LA VIDA

Resultado de imagen para EL SOL Y LA BELLEZA DE LA VIDA


Toda tragedia, tiene la impronta de desnudar a la humanidad, enfrentándola a sus peores miserias y contradicciones.

Hoy, que no nos queda mas remedio que mirar al otro a los ojos, nos supone en la obligación, no ya de buscar un sentido, sino de construirlo.

Tendrá que ser sobre bases más sólidas, honestas, sinceras, dónde el reencuentro con el otro, no sea un artilugio para nuevamente colonizarlo, someterlo, o doblegarlo.

Si es que hay un futuro, -que creo que lo hay-, decididamente no debiera ser como el ahora, de lo contrario, es que no habremos aprendido nada.

En el marco de una realidad insólita, perpleja, desmesurada, me insto a recomponer esa mirada, donde el sol no deja de ser un astro, pero también es una sonrisa, o el abrigo tierno de un abrazo, en el espectáculo de la vida.

Cansado que me vendan, que todo esta perdido, o que todo puede mejorar, he decidido comprometerme con asumir responsabilidades y compromisos. Si delego en el otro, lo que tengo que realizar por mí mismo, nunca se producirá ese reencuentro.

Démosle a ese otro la oportunidad magnífica de aceptarlo como diferente y darnos a nosotros mismos, la honrosa oportunidad, de reconocernos en nuestras singularidades.

Cuenta la historia o había una vez, son inicios que fascinan. Pero, resultará seguramente más atractivo, ver que hacemos con los hechos y no quedar atrapados en ellos.

Dicen los que saben que, cada historia tiene un final. No se. A mi me gusta más pensar que cada final, puede ser el comienzo de una nueva historia, dónde el pasado no haya sido en vano, el presente sea el pleno ejercicio de nuestras libertades y el futuro, más que un resultado, el equilibrado ardor de nuevos devenires.

Hace muchos años, leí sin prisa: "si tan sólo tuviera un zapato, para no tener que partir". Hoy, sigo con ambos zapatos, pero ya no obligado a seguir o, incluso a detenerme.

Hoy, sé que el problema no son los zapatos, sino lo que hago con ellos. O mejor dicho, conmigo, mas allá de tener uno o ambos zapatos.

Porque lo paradójico es, que nunca tanto hoy, tener o no tener es tan precario. Hay líneas que apuntan al infinito que demuestran, que todo eso es tan pueril, que puede cambiar en un instante. Va mas allá incluso, de las coordenadas subjetivas que despliego cuando pienso, lo que te extraño o, lo que ya extraño, extrañarte.

Nada es irrevocable y todo tan frágil, efímero, postrero.

Si Heráclito me permitiera bañarme en su río, lo haría con la plena convicción, de que no necesariamente todo cambio es para mejor, pero sí necesariamente mejor es cambiar siempre. Para no quedar apresados, en circulares repeticiones y promiscuas fantasías.

Si Layo pudiera consultar nuevamente a la Esfinge, Tebas estaría condenada a salvarse otra vez. Y no se si eso sería bueno para Tebas. Porque no se trata de repetir la historia, sino de reinventarla y ver que hacemos con ella. No hay historia más cruel, patética, déspota y letal, que la que venimos repitiendo, cuando cambiamos para que nada cambie. O cambiar por cambiar, sin haber aprendido mínimamente algo, antes.

Sé que muchos se enojarán o mostrarán fastidio ante mis palabras, o incluso mejores propuestas. Pues eso me da esperanza, me inquieta positivamente, me anima. Nada mas lejos en mí, que perseguir uniformidades.

Vengan a mi todos los dioses, -diría Nietzsche-, que anunciaré vuestras muertes. Pero los hombres no hemos podido, ni podemos vivir sin dioses. Y los vamos construyendo, cada uno a su medida, cada uno con el poder y las competencias que necesita, que ese dios tenga.

Pero indudablemente es otra forma de proyección. Lo que tratamos nuevamente, es evitar hacernos cargo de nuestras responsabilidades.

Mas allá de su existencia, Dios o los dioses nos miran, tratando de darnos ánimo tal ves en esa estampita que recibimos en los trenes, o la fortuna que amasamos renunciando a todo o, el catálogo de objetos preciados, que nuestro auto-engaño nos haya reservado.

Salgamos de la Caverna nos pide Platón, para observar el verdadero conocimiento, la Idea de bien, nuevamente el sol.

No hay pandemia que pueda neutralizarnos, si logramos que el virus mute, en una verdadera transformación.

No hay dinero que compre la salud, pero sabíamos muy bien destinar el dinero de la salud, a perecederas y triviales necesidades. Incluso concentradas en unos pocos. Lo cual es aún peor. Y ahora que las papas queman, terminamos todos en el mismo caldo.

Entonces recordamos a Marx diciendo que el sistema capitalista lleva en sí el germen de su propia destrucción. Para cuando un reconocimiento a Don Carlos?. Otros, mucho menos serios e irresponsables, ven estos momentos como ideales para seguir apostando a sus reposeras.

Y muchos mas otros que alegría, vuelven a la Caverna a contarnos lo que pasa ahí afuera, se remangan, Y se la juegan. Por todos y todas.

El mundo fue y sera ... dice el tango, pero el problema no es el mundo, otra vez. El problema somos nosotros. Pero al mismo tiempo, somos la solución.

Si tan sólo tuviera un zapato..., buscaría como el Príncipe a Cenicienta, para darle al César lo que es del César y a Dios, lo dejaría un poco tranquilo. No entiendo porqué tenemos que hacerlo cargo de la estupidez humana.

Y en el Cambalache de su existencia, el hombre y sus circunstancias, el ser ante la muerte, debiera retomar una actitud introspectiva, aprovechando el impasse de la cuarentena, y revelarse a sí mismo diez mandamientos prudentes, para dejar de destruirlo todo y bajarse de su pedestal omnipotente.

Nada nos va a costar mas que Narciso frente a su propia imagen, porque hemos borrado al otro y ahora, frente a la urgencia, debemos recuperar-lo.

Se dice de mí ... tantas cosas. Pero ninguna es cierta y todas lo son a la vez. Pero de nuevo, lo importante no es lo que se dice de cada uno de nosotros, sino lo que hagamos con ello.

Hoy, que la Pulsión de Vida y la Pulsión de Muerte se brinda en espejo, en cada calle, en cada sala, en cada cama, tenemos que recordar a Freud diciendo "cuanto más perfecto luzca uno por fuera, más demonios tiene adentro.".

Exorcicemos nuestro demonios a través del reencuentro con el otro. De la palabra, del gesto, de la observancia a la ley.

El sol se me hace vida, como el agua y la tierra.

La vida es terca.

La vida es bella. Siempre. Incluso a pesar nuestro.

Gustavo Juan Pérez Zabatta.

Visita: CESA - Centro de Estudios Sociales Argentino

Entrada destacada

  COMUNICACION INTERPERSONAL El beneficio de la COMUNICACIÓN INTERPERSONAL presencial, es decir, la comunicación cara a cara entre dos o más...