EL SOL Y LA BELLEZA DE LA VIDA
Toda tragedia, tiene la impronta de desnudar a la humanidad, enfrentándola a sus peores miserias y contradicciones.
Hoy, que no nos queda mas remedio que mirar al otro a los ojos, nos supone en la obligación, no ya de buscar un sentido, sino de construirlo.
Tendrá que ser sobre bases más sólidas, honestas, sinceras, dónde el reencuentro con el otro, no sea un artilugio para nuevamente colonizarlo, someterlo, o doblegarlo.
Si es que hay un futuro, -que creo que lo hay-, decididamente no debiera ser como el ahora, de lo contrario, es que no habremos aprendido nada.
En el marco de una realidad insólita, perpleja, desmesurada, me insto a recomponer esa mirada, donde el sol no deja de ser un astro, pero también es una sonrisa, o el abrigo tierno de un abrazo, en el espectáculo de la vida.
Cansado que me vendan, que todo esta perdido, o que todo puede mejorar, he decidido comprometerme con asumir responsabilidades y compromisos. Si delego en el otro, lo que tengo que realizar por mí mismo, nunca se producirá ese reencuentro.
Démosle a ese otro la oportunidad magnífica de aceptarlo como diferente y darnos a nosotros mismos, la honrosa oportunidad, de reconocernos en nuestras singularidades.
Cuenta la historia o había una vez, son inicios que fascinan. Pero, resultará seguramente más atractivo, ver que hacemos con los hechos y no quedar atrapados en ellos.
Dicen los que saben que, cada historia tiene un final. No se. A mi me gusta más pensar que cada final, puede ser el comienzo de una nueva historia, dónde el pasado no haya sido en vano, el presente sea el pleno ejercicio de nuestras libertades y el futuro, más que un resultado, el equilibrado ardor de nuevos devenires.
Hace muchos años, leí sin prisa: "si tan sólo tuviera un zapato, para no tener que partir". Hoy, sigo con ambos zapatos, pero ya no obligado a seguir o, incluso a detenerme.
Hoy, sé que el problema no son los zapatos, sino lo que hago con ellos. O mejor dicho, conmigo, mas allá de tener uno o ambos zapatos.
Porque lo paradójico es, que nunca tanto hoy, tener o no tener es tan precario. Hay líneas que apuntan al infinito que demuestran, que todo eso es tan pueril, que puede cambiar en un instante. Va mas allá incluso, de las coordenadas subjetivas que despliego cuando pienso, lo que te extraño o, lo que ya extraño, extrañarte.
Nada es irrevocable y todo tan frágil, efímero, postrero.
Si Heráclito me permitiera bañarme en su río, lo haría con la plena convicción, de que no necesariamente todo cambio es para mejor, pero sí necesariamente mejor es cambiar siempre. Para no quedar apresados, en circulares repeticiones y promiscuas fantasías.
Si Layo pudiera consultar nuevamente a la Esfinge, Tebas estaría condenada a salvarse otra vez. Y no se si eso sería bueno para Tebas. Porque no se trata de repetir la historia, sino de reinventarla y ver que hacemos con ella. No hay historia más cruel, patética, déspota y letal, que la que venimos repitiendo, cuando cambiamos para que nada cambie. O cambiar por cambiar, sin haber aprendido mínimamente algo, antes.
Sé que muchos se enojarán o mostrarán fastidio ante mis palabras, o incluso mejores propuestas. Pues eso me da esperanza, me inquieta positivamente, me anima. Nada mas lejos en mí, que perseguir uniformidades.
Vengan a mi todos los dioses, -diría Nietzsche-, que anunciaré vuestras muertes. Pero los hombres no hemos podido, ni podemos vivir sin dioses. Y los vamos construyendo, cada uno a su medida, cada uno con el poder y las competencias que necesita, que ese dios tenga.
Pero indudablemente es otra forma de proyección. Lo que tratamos nuevamente, es evitar hacernos cargo de nuestras responsabilidades.
Mas allá de su existencia, Dios o los dioses nos miran, tratando de darnos ánimo tal ves en esa estampita que recibimos en los trenes, o la fortuna que amasamos renunciando a todo o, el catálogo de objetos preciados, que nuestro auto-engaño nos haya reservado.
Salgamos de la Caverna nos pide Platón, para observar el verdadero conocimiento, la Idea de bien, nuevamente el sol.
No hay pandemia que pueda neutralizarnos, si logramos que el virus mute, en una verdadera transformación.
No hay dinero que compre la salud, pero sabíamos muy bien destinar el dinero de la salud, a perecederas y triviales necesidades. Incluso concentradas en unos pocos. Lo cual es aún peor. Y ahora que las papas queman, terminamos todos en el mismo caldo.
Entonces recordamos a Marx diciendo que el sistema capitalista lleva en sí el germen de su propia destrucción. Para cuando un reconocimiento a Don Carlos?. Otros, mucho menos serios e irresponsables, ven estos momentos como ideales para seguir apostando a sus reposeras.
Y muchos mas otros que alegría, vuelven a la Caverna a contarnos lo que pasa ahí afuera, se remangan, Y se la juegan. Por todos y todas.
El mundo fue y sera ... dice el tango, pero el problema no es el mundo, otra vez. El problema somos nosotros. Pero al mismo tiempo, somos la solución.
Si tan sólo tuviera un zapato..., buscaría como el Príncipe a Cenicienta, para darle al César lo que es del César y a Dios, lo dejaría un poco tranquilo. No entiendo porqué tenemos que hacerlo cargo de la estupidez humana.
Y en el Cambalache de su existencia, el hombre y sus circunstancias, el ser ante la muerte, debiera retomar una actitud introspectiva, aprovechando el impasse de la cuarentena, y revelarse a sí mismo diez mandamientos prudentes, para dejar de destruirlo todo y bajarse de su pedestal omnipotente.
Nada nos va a costar mas que Narciso frente a su propia imagen, porque hemos borrado al otro y ahora, frente a la urgencia, debemos recuperar-lo.
Se dice de mí ... tantas cosas. Pero ninguna es cierta y todas lo son a la vez. Pero de nuevo, lo importante no es lo que se dice de cada uno de nosotros, sino lo que hagamos con ello.
Hoy, que la Pulsión de Vida y la Pulsión de Muerte se brinda en espejo, en cada calle, en cada sala, en cada cama, tenemos que recordar a Freud diciendo "cuanto más perfecto luzca uno por fuera, más demonios tiene adentro.".
Exorcicemos nuestro demonios a través del reencuentro con el otro. De la palabra, del gesto, de la observancia a la ley.
El sol se me hace vida, como el agua y la tierra.
La vida es terca.
La vida es bella. Siempre. Incluso a pesar nuestro.
Gustavo Juan Pérez Zabatta.
Visita: CESA - Centro de Estudios Sociales Argentino