La Murga como
estrategia de intervención comunitaria.
Podemos hablar de una
justicia para niños pobres. Judicialización de la familia y la
pobreza. Un problema económico, no implica que el niño deba ser
alejado de su hogar. Pero esto es los que suelen hacer nuestros
jueces, poco menos que dioses sin toga y con corbata. Las residencias
para niños, hoy ya no rigen en la Argentina los institutos, no han
dejado de ser cárceles, pues la circulación libre se encuentra
vedada. El niño es visto como objeto por muchos jueces. No por
todos, pero los juzgados de familia son máquinas de triturar y
truncar vidas. Lamentablemente. PARA TODA NUESTRA SOCIEDAD. PARA
TODOS NOSOTROS. PARA LOS CHICOS FUNDAMENTALMENTE.
El estado debe atender
los problemas de la niñez delineando e instrumentando políticas
públicas y sociales. Pero el Estado sólo entiende de
judicialización del problema. Los niños, son sujetos de derecho.
Como expresa un amigo irónicamente: “son casi humanos”.
Democratizar la relación niño – adulto, es una labor educativa en
la que debiéramos comprometernos todos los actores sociales. Pero
atención: Una cosa es escuchar al niño y otra, depositar en ellos
la responsabilidad indelegable que tienen los adultos. Las políticas
públicas y sociales, en defensa del niño no terminan de
cristalizarse, no se hacen efectivas en nuestra vida cotidiana, en el
día a día de cada día. Para siempre.
El niño pobre es visto
con pena y lástima por la sociedad. Todos nos conmovemos. Pero
cuando ese mismo niño / niña, llega a la adolescencia, es asimilado
/ a con el crimen y el delito. Pasa a ser un delincuente por el sólo
hecho de ser pobre. Ahí nos asustamos. Ahí ponemos distancia. Su
miseria nos da miedo. El niño pobre es enunciado como menor por la
prensa, la televisión, los medios gráficos y audio visuales en
general. Pero el niño de clase media o alta, es niño, no es menor.
Por su parte, los jóvenes pobres sufren el estigma de la
criminalización. Son delincuentes, portan en su aspecto, las huellas
del hambre y la marginación. De manera tal que pasan de ser para la
sociedad en general, de víctimas como menores, a victimarios como
adolescentes. Dos condiciones que nuestra sociedad no les perdona: la
juventud y la pobreza. Una sociedad atravesada por el discurso
mediático hegemónico que impone cómo ha de tratarse esta
problemática, los castigos, la baja de la imputabilidad por ejemplo.
Criminalizar al joven adolescente es fácil, ningún abogado
mediático vendrá a socorrerlo, salvo que eso implique publicidad
radial y televisiva las 24 horas como acostumbran a azuzarnos los
medios con aquellos casos que se hacen emblemáticos. La idea de un
juez como padre protector del niño (judicialización) tiene que ver
con la Ley Agote. Pero también la dictadura militar contribuyó a
esta imagen, especialmente con el tema de los niños apropiados. Por
eso sostenemos que, ara que los niños estén en los medios de la
manera en que están, menores por pobres, es preferible que no estén.
Que Dios no permita que se acuerden los medios de ellos.
Un interesante trabajo
que realiza la Universidad Nacional de Córdoba a través de su
Cátedra de Intervención Comunitaria, es la Murga. La Murga como
estrategia para recuperar derechos, especialmente aquellos que más
duelen: los intangibles. Qué son los derechos intangibles? Son los
más simples, los más sencillos, pero los más importantes, y los
primeros en ser diezmados. Algunos ejemplos son: el derecho a la
alegría, a jugar, a fortalecerse, a divertirse, que implique que los
niños puedan tener recursos internos para producir pequeños cambios
en su manera de estar y, en su forma de ver el mundo, pero también
en la manera en que el mundo los ve a ellos. La sociedad los ve a
ellos. De manera tal de poder incluirlos socialmente. Porque
parafraseando a mi amigo: “son casi humanos”. Y dónde van a
vivir si no es dentro de una sociedad?. En sus márgenes?, en su
periferia?. Cuidando que no destruyan con sus piecitos el pastito de
los countries?.
La murga contribuye desde
su formación y a través de su dinámica grupal, lúdica, vincular,
a que de a poco puedan recuperarse estos derechos intangibles.
Contribuye a generar y aumentar la creatividad del niño, porque
implica espera, porque implica mirar al otro, porque implica estar
con y junto al otro. El niño aprende a trabajar en grupo, a
vincularse sanamente, a reconocer al otro y reconocerse en el otro.
Mirarse, escucharse, compartir valores y pedacitos de panes y telas,
etc. Más allá de cualquier coordinación, de cualquier adulto
responsable del programa. Se puede trabajar en los niños, sobre todo
las potencialidades y no sólo aquello que a estos niños pobres les
falta, sino fundamentalmente, aquello que estos niños pobres traen.
La Murga como estrategia de intervención comunitaria en niños
vulnerables es una experiencia decididamente extraordinaria. Permite
promover derechos desde la posibilidad. Pues lo que hago, sólo es
posible con y junto al otro. Sólo no podría lograrlo. Sólo no me
sirve. Sólo no le sirve a nadie. La base es hacer la experiencia con
el otro. Junto al otro. La murga posibilita esa experiencia y
optimiza los recursos internos y la Resiliencia. Un derecho no es
algo meramente teórico. Lo meramente teórico es la enunciación del
derecho del niño, la experiencia concreta, la aplicación efectiva
del derecho es lo que vale. Otro amigo mío me dice: “la vida no
pasa por los tribunales. La vida es afuera.”La experiencia junto al
otro, le devuelve a esa vida infantil, un sentido, que los medios
intentas sesgar y, la sociedad criminalizar.
Como reza la foto, para
todos los chicos, todos los derechos. Pero los derechos no sólo
deben enunciarse, sino que debemos practicarlos día a día, cada uno
de nosotros, en los distintos roles que ocupemos en nuestra sociedad.
PARA TODA NUESTRA
SOCIEDAD. PARA TODOS NOSOTROS. PARA LOS CHICOS FUNDAMENTALMENTE.
Juan del PEAA.
