jueves, 12 de mayo de 2016

Niñez y Derechos humanos en la Argentina.

La Murga como estrategia de intervención comunitaria.





Podemos hablar de una justicia para niños pobres. Judicialización de la familia y la pobreza. Un problema económico, no implica que el niño deba ser alejado de su hogar. Pero esto es los que suelen hacer nuestros jueces, poco menos que dioses sin toga y con corbata. Las residencias para niños, hoy ya no rigen en la Argentina los institutos, no han dejado de ser cárceles, pues la circulación libre se encuentra vedada. El niño es visto como objeto por muchos jueces. No por todos, pero los juzgados de familia son máquinas de triturar y truncar vidas. Lamentablemente. PARA TODA NUESTRA SOCIEDAD. PARA TODOS NOSOTROS. PARA LOS CHICOS FUNDAMENTALMENTE.


El estado debe atender los problemas de la niñez delineando e instrumentando políticas públicas y sociales. Pero el Estado sólo entiende de judicialización del problema. Los niños, son sujetos de derecho. Como expresa un amigo irónicamente: “son casi humanos”. Democratizar la relación niño – adulto, es una labor educativa en la que debiéramos comprometernos todos los actores sociales. Pero atención: Una cosa es escuchar al niño y otra, depositar en ellos la responsabilidad indelegable que tienen los adultos. Las políticas públicas y sociales, en defensa del niño no terminan de cristalizarse, no se hacen efectivas en nuestra vida cotidiana, en el día a día de cada día. Para siempre.  

El niño pobre es visto con pena y lástima por la sociedad. Todos nos conmovemos. Pero cuando ese mismo niño / niña, llega a la adolescencia, es asimilado / a con el crimen y el delito. Pasa a ser un delincuente por el sólo hecho de ser pobre. Ahí nos asustamos. Ahí ponemos distancia. Su miseria nos da miedo. El niño pobre es enunciado como menor por la prensa, la televisión, los medios gráficos y audio visuales en general. Pero el niño de clase media o alta, es niño, no es menor. Por su parte, los jóvenes pobres sufren el estigma de la criminalización. Son delincuentes, portan en su aspecto, las huellas del hambre y la marginación. De manera tal que pasan de ser para la sociedad en general, de víctimas como menores, a victimarios como adolescentes. Dos condiciones que nuestra sociedad no les perdona: la juventud y la pobreza. Una sociedad atravesada por el discurso mediático hegemónico que impone cómo ha de tratarse esta problemática, los castigos, la baja de la imputabilidad por ejemplo. Criminalizar al joven adolescente es fácil, ningún abogado mediático vendrá a socorrerlo, salvo que eso implique publicidad radial y televisiva las 24 horas como acostumbran a azuzarnos los medios con aquellos casos que se hacen emblemáticos. La idea de un juez como padre protector del niño (judicialización) tiene que ver con la Ley Agote. Pero también la dictadura militar contribuyó a esta imagen, especialmente con el tema de los niños apropiados. Por eso sostenemos que, ara que los niños estén en los medios de la manera en que están, menores por pobres, es preferible que no estén. Que Dios no permita que se acuerden los medios de ellos.

Un interesante trabajo que realiza la Universidad Nacional de Córdoba a través de su Cátedra de Intervención Comunitaria, es la Murga. La Murga como estrategia para recuperar derechos, especialmente aquellos que más duelen: los intangibles. Qué son los derechos intangibles? Son los más simples, los más sencillos, pero los más importantes, y los primeros en ser diezmados. Algunos ejemplos son: el derecho a la alegría, a jugar, a fortalecerse, a divertirse, que implique que los niños puedan tener recursos internos para producir pequeños cambios en su manera de estar y, en su forma de ver el mundo, pero también en la manera en que el mundo los ve a ellos. La sociedad los ve a ellos. De manera tal de poder incluirlos socialmente. Porque parafraseando a mi amigo: “son casi humanos”. Y dónde van a vivir si no es dentro de una sociedad?. En sus márgenes?, en su periferia?. Cuidando que no destruyan con sus piecitos el pastito de los countries?.

La murga contribuye desde su formación y a través de su dinámica grupal, lúdica, vincular, a que de a poco puedan recuperarse estos derechos intangibles. Contribuye a generar y aumentar la creatividad del niño, porque implica espera, porque implica mirar al otro, porque implica estar con y junto al otro. El niño aprende a trabajar en grupo, a vincularse sanamente, a reconocer al otro y reconocerse en el otro. Mirarse, escucharse, compartir valores y pedacitos de panes y telas, etc. Más allá de cualquier coordinación, de cualquier adulto responsable del programa. Se puede trabajar en los niños, sobre todo las potencialidades y no sólo aquello que a estos niños pobres les falta, sino fundamentalmente, aquello que estos niños pobres traen. La Murga como estrategia de intervención comunitaria en niños vulnerables es una experiencia decididamente extraordinaria. Permite promover derechos desde la posibilidad. Pues lo que hago, sólo es posible con y junto al otro. Sólo no podría lograrlo. Sólo no me sirve. Sólo no le sirve a nadie. La base es hacer la experiencia con el otro. Junto al otro. La murga posibilita esa experiencia y optimiza los recursos internos y la Resiliencia. Un derecho no es algo meramente teórico. Lo meramente teórico es la enunciación del derecho del niño, la experiencia concreta, la aplicación efectiva del derecho es lo que vale. Otro amigo mío me dice: “la vida no pasa por los tribunales. La vida es afuera.”La experiencia junto al otro, le devuelve a esa vida infantil, un sentido, que los medios intentas sesgar y, la sociedad criminalizar.

Como reza la foto, para todos los chicos, todos los derechos. Pero los derechos no sólo deben enunciarse, sino que debemos practicarlos día a día, cada uno de nosotros, en los distintos roles que ocupemos en nuestra sociedad.

PARA TODA NUESTRA SOCIEDAD. PARA TODOS NOSOTROS. PARA LOS CHICOS FUNDAMENTALMENTE.

Juan del PEAA.

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